MEDICINA NATURAL

Medicina natural y vida saludable

Cómo cuidar la piel de tu hijo

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El buen cuidado de la piel del niño en los períodos iníciales de la vida es básico para evitar, con el tiempo, muchas alteraciones. La piel está recubierta por un manto ácido gracias al cual permanece siempre íntegra y se puede defender de las agresiones que pueda sufrir.

Veintiséis de febrero de 2009.- El buen cuidado de la piel del niño en los períodos iníciales de la vida es básico para evitar, con el tiempo, muchas alteraciones. La piel está recubierta por un manto ácido gracias al cual permanece siempre íntegra y se puede defender de las agresiones que pueda sufrir.

Con una correcta higiene de la piel se consiguen eliminar las secreciones cutáneas para evitar el mal olor (como el sudor, el sebo, etc.), suprimir la suciedad ambiental (manchas, polución, etc.) y prevenir algunas infecciones.

Hay que mantener intactas las características de la piel. Para ello, desaconsejamos practicar una higiene demasiado enérgica y el uso de productos de limpieza inadecuados, que pueden irritar, eliminar las grasas naturales de la piel y favorecer las enfermedades cutáneas. En resumen, una excesiva frecuencia en los lavados no es garantía de salud.

También se debe evitar la pérdida de calor; para ello hay que abrigar al niño (no demasiado y con sentido común) y huir de temperaturas extremas y ropas de fibras sintéticas. Son preferibles los tejidos de algodón y de hilo para las ropas en contacto con la piel.

El baño puede realizarse desde el primer día. Un baño corto y templado a diario bastará para la higiene del bebé y para estrechar los lazos afectivos. Prepare agua templada y no lo alargue más de 10 a 15 minutos. Elija un jabón adecuado neutro, acompañado con aceite de baño, ya que son los menos irritantes. Se puede lavar el pelo a diario, esto no es perjudicial. No utilice acondicionadores para el cabello u otros productos cosméticos, puesto que pueden irritar el cuero cabelludo del bebé. A partir del año es mucho más aconsejable la ducha diaria y que el niño inicie el reconocimiento de su cuerpo.

Tan importante como el enjabonado es un buen aclarado. Eliminar los restos de jabón evitará la alcalinización de la piel y la sequedad cutánea.

La piel del recién nacido puede estar agrietada o descamarse en algunas zonas. No debe ser motivo de alarma una descamación fina en manos, pies o en el cuero cabelludo (costra láctea). En este caso, una crema hidratante con ingredientes naturales y un aceite vegetal solucionan el problema.

La zona del pañal es un área conflictiva con irritaciones frecuentes, en especial desde el nacimiento hasta que ya controla los esfínteres. Se recomiendan cambios frecuentes de pañal para evitar el contacto prolongado de las heces con la piel. Se debe lavar con agua y jabón (el mismo del baño) y aplicar una crema barrera (bálsamo, pasta, etc.) en cada cambio y, fundamentalmente, por la noche.

Los polvos de talco deben evitarse, ya que se han documentado casos graves de aspiración hacia el aparato respiratorio. Las uñas pueden ser cortadas desde los primeros días. No hay que apurar y siempre cortarlas rectas, especialmente las de los pies. Respecto al pelo, es absolutamente falso que al cortar o rapar el cabello este crezca más fuerte, por lo que no están justificadas las “podas radicales” a las que se someten a tantos bebés.

A medida que van creciendo hay que enseñarles su auto-higiene (lavado de manos, de dientes, genitales, etc.). Los niños usan cada vez más nuevos cosméticos, viéndose casos de dermatitis de contacto debidos a ellos, por lo que parece razonable recomendar precaución en el uso de estos productos (cremas, lociones, pinturas de tatuajes, etc.).

Si observa alguna alteración en la piel del bebé o del niño, picor, eczemas, ronchas… no dude en consultar al dermatólogo, pues muchas enfermedades de la piel tienen su debut en esta edad y se solucionarán con el tratamiento adecuado.

Hay niños que en la primera infancia, ya en la fase de lactante, muestran una piel denominada “delicada” o “atópica”, que es una inflamación de la piel que se caracteriza, inicialmente, por piel seca, zonas eccematosas eritematosas y prurito intenso. El rascado constante lleva a un círculo vicioso de picor-rascado-erupción-picor. Esta patología afecta al 60% de la población infantil.

El eczema se reagudiza en épocas de estrés, cuando la temperatura es extremadamente elevada o baja, si el niño sufre una infección bacteriana o cuando la piel se irrita por el contacto con tejidos (lana) o detergentes. En estos casos, tanto el tratamiento como la higiene del bebé o niño debe de estar estrictamente vigilada por el dermatólogo, ya que entre el cuidado de los padres y el consejo del profesional, se llegan a obtener resultados rápidos, sin efectos secundarios, que permiten conservar el “confort cutáneo” de nuestros pequeños.

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